Saltar al contenido
Argentinos Emigrados WA
Italia Casi nativos

Encontrar tu hogar en otra patria no es fácil

En esta nota Lucila nos cuenta como vive una argentina en Italia, pero por sobre todo nos relata como es volver a encontrar tu hogar en otro país. Ella no se fue del país por una crisis económica o social, sino que se fue en búsqueda de resolver su «crisis existencial».

Fernando Domecq
Por Fernando
27 mar 2019 · 8 min de lectura
Encontrar tu hogar en otra patria no es fácil

“No sé si todos los caminos conducen a Roma, pero el mío sí” dice Lucila, segura de haber encontrado un hogar en otra patria.

“En primer lugar, quiero contar que yo no me fuí empujada por la crisis económica sino más bien por una ‘crisis existencial’. Es decir, en su momento no me vine con intención de ‘hacer la América’ en Italia, ni después de una larga reflexión acerca de un futuro bienestar económico que mi país no podría brindarme, ni nada por el estilo. Esas reflexiones, en mi caso, fueron muy posteriores”, relata Lucila Bianchini (32 años) aclarando que dejó Rosario en 2002, “como muchos otros rosarinos”.

“Para ser franca, tenía una depresión horrible. Me levantaba por inercia y ya a las seis de la tarde rogaba interiormente que se terminara el día, con la sensación de que el día siguiente iba a ser igual y esa ‘nada’ es lo peor que te puede pasar en la vida…

Un día de esos, me encontré con una ex compañera de escuela a la que, por esas cosas del tiempo y ‘los senderos que se bifurcan’, no había vuelto a ver. Ese encuentro fue mi golpe de gracia o el sacudón vital que necesitaba.

Fuimos a tomar un café, y esta chica me contó que estaba haciendo planes y que había estado juntando dinero para irse a Milano en unos días. Me transmitió tal entusiasmo con su proyecto que me quedé pensando durante varios días: ¿Y si me fuera a Italia? ¿Y si intentara armarme una vida de verdad en otro lado? ¿Tal vez, cambiar de aires me permitiera salir de la sensación de embotamiento de todos los días? ¿Quizás pudiera ser diferente en otro lado? ¿A lo mejor encuentro verdaderamente un sentido a todo yéndome al país de mis abuelos?

Después de esas venían muchas otras preguntas, por supuesto. Y también me preguntaba qué pasaría si fracasaba en el intento.

Pero había algo innegable en todo eso: peor de lo que estaba y de lo que me sentía en esa etapa difícil de mi vida, no podría estar. Además tenía tres cosas importantes a favor: había estudiado italiano durante cinco años, tenía la ciudadanía por mi abuelo, y ya había terminado mi formación como Psicopedagoga”.

Roma y los planes

“Al cabo de algunas semanas ya tenía la decisión tomada. Recurrí a un familiar que felizmente había guardado sus ahorros en un tarro y por eso ‘zafó’ del corralito, y con la promesa de devolución y un millón de gracias, recibí en préstamo el dinero para el pasaje y para ‘tirar’ un mes cuando llegara, mientras buscaba trabajo. De pronto mi depresión se había transformado en otra cosa. Tenía planes, tenía algo por lo que estaba decidida a arriesgarme, tenía una familia alentándome para que buscara mi vida donde fuera con tal de que saliera de aquel letargo, y tenía todo el futuro por delante… ¡La vida empezaba a tener sabor al fin! Y la palabra que a partir de entonces me desvelaba era ‘Roma’. Siempre había querido conocer esta ciudad, ya sea por la conexión con mis abuelos romanos, por la historia imperial, o por todo lo grandioso que guarda y por lo que significa para el resto del mapa”.

El derecho de piso

“Como en todo comienzo, la novedad ocupaba todos los espacios de mi vida. Quería verlo todo, conocerlo todo, hablar con la gente en la calle, con mis vecinos, hacer amigos, y claro, conseguir mi primer trabajo. Tenía la certeza de que esta experiencia me iba a poner a prueba a mí misma, fundamentalmente, porque no tenía a nadie en Roma; y salir adelante por mí misma era ‘el’ desafío.

Mi primer trabajo fue en un taller de calzados. Me lo pasé pegando suelas de zapatos durante 7 meses mientras iba buscando otra cosa mejor. Esa experiencia fue mi prueba de fuego, el ‘derecho de piso’ que todos conocemos. Me pagaban bien, no podía quejarme, y gracias a eso pude alquilar y dar mis primeros pasos como residente. Tenía en claro que en cuanto se me diera otra oportunidad, dejaría de pegar suelas de zapatos y comenzaría algo nuevo. Y así fue, la oportunidad vino de un jardín de niños donde conseguí un empleo de medio tiempo primero, y de tiempo completo más tarde. En un corto lapso pude devolver el dinero que me habían prestado para venirme e ir armando aquí mi vida. Poder trabajar en algo que me gusta fue y sigue siendo un golazo”.

Cuatro amores

“Dos años después conocí a Giuseppe, el amor de mi vida y el padre de mi hija, Andreina. Me enamoré al mejor estilo Disneylandia, como jamás hubiera pensado. Y tengo que decir que contrariamente al imaginario popular… ¡no todos los italianos son machistas y tramposos! Pasan los años y sigo enamorada de esta persona genial que tengo al lado y sigo feliz de que todo transcurra en escenario romano, el que elegí para quedarme pese a las cosas que también tiene a contramano este país. Aquí hay una infernal burocracia, corrupción de algunos funcionarios y atropellos de cierta gente, que obviamente no es toda. Pese a esto, a mis cuatro amores es imposible cambiarlos de lugar: mi hija, mi marido, Italia y Argentina”.

Las figuritas repetidas

“Creo que hay muchos estereotipos que desfavorecen a los italianos, de la misma manera que ocurre con los argentinos. A los italianos se los relaciona con la corrupción, el machismo, la procesión religiosa, el griterío, los ademanes exagerados… Y pareciera que no comen otra cosa más que pasta y no hablan más que de fútbol, según este imaginario. Ojo, hay una parte justificada que es fácilmente comprobable con la experiencia y en los hechos, pero los estereotipos son siempre injustos. En todas partes, hay gente valiosa y gente descartable, aspectos grandiosos y otros de cuarta…

Me ha pasado encontrarme aquí en Roma con muchos argentinos. Con algunos de ellos florecieron amistades que hasta el día de hoy me fortalecen y me llenan; y esas charlas y complicidad es difícil de lograr plenamente con los amigos de otras nacionalidades, al menos para mí.

Pero también me he encontrado con muchos argentinos maleducados y ‘winners’ de los que preferí alejarme desde un principio. Duele que algunos compatriotas no tengan reparo en exportar la viveza criolla y los malos hábitos que nos falsifican y obviamente, que no tengan ninguna predisposición para integrarse. Creo que alguna de la gente que emigra no está preparada para ello y se autocondena por mala actitud”.

Acá me quedo

Nunca me sentí una extraña en Roma. Tuve siempre muy claro que, a pesar de tener la ciudadanía, de que mis antepasados son italianos y de que el idioma no sería ninguna traba para mí, yo iba a ser extranjera, y que por lo tanto, no buscaría hallar la misma cultura de mi país ni las mismas cosas. Para eso, quedarse en Argentina es lo mejor. Y no se trata –como algunos piensan- de alejarnos de nuestras raíces ni dejar de lado nuestra identidad, sino de aprovechar esta especie de ‘intercambio cultural’ que la vida nos ofrece. Es un privilegio poder conocer otras culturas y otras idiosincracias.

Por lo que resta, sigo diciendo ‘qué bárbaro’ cuando algo me sorprende, ‘qué lo parió’ cuando algo me enoja, ‘ni a palos’ cuando niego algo rotundamente… En mi ipod no faltan jamás las canciones de Fito, de Los Redondos, de la Bersuit o del flaco Spinetta. En mi despensa no falta jamás la yerba mate y en mi corazón tengo siempre a mi país porque es mi pasado y es mi gente. Mi identidad siempre va a ser argentina, eso es seguro. Pero al mismo tiempo, seré también una italiana por elección, porque aquí está mi hogar, porque este país me hizo un lugarcito y le debo mucho más de lo que podría contar en este espacio y en este momento…

No sé si todos los caminos conducen a Roma, pero el mío sí, y lo que puedo asegurar hoy por hoy es que… ¡de acá no me mueve nadie!”.

Si te interesa contarnos tu historia, podés contactarte con nosotros, no dudes que seguramente otros argentinos les interesen leerla.

Fuente: De acá no me mueve nadie

Temas Italia Casi nativos
Facebook X WhatsApp
Fernando Domecq
Sobre el autor
Fernando

Soy de Buenos Aires y vivo en Fuengirola (Málaga). Desde 2014 ayudo a argentinos que quieren vivir en el exterior; desde 2018, desde este blog.

Seguí leyendo Italia
¿Cómo es la vida en Italia para argentinos?
Italia 9 min de lectura
¿Cómo es la vida en Italia para argentinos?
Mejores ciudades de Italia para argentinos: guía real
Italia 13 min de lectura
Mejores ciudades de Italia para argentinos: guía real
Testimonios argentinos trabajando en España, Italia y Alemania
Italia 14 min de lectura
Testimonios argentinos trabajando en España, Italia y Alemania
¿Te pasó algo parecido?

Contanos tu historia y la publicamos, o recibí una nueva cada domingo.

Argentinos Emigrados
Destinos
Temas
Instagram Facebook YouTube
© 2026 Argentinos Emigrados. Un archivo de historias de argentinos en el exterior.
Etapas Destinos Noticias
Argentinos Emigrados
Reporteros Contacto
Inicio / Casi nativos / Italia

Encontrar tu hogar en otra patria no es fácil

En esta nota Lucila nos cuenta como vive una argentina en Italia, pero por sobre todo nos relata como es volver a encontrar tu hogar en otro país. Ella no se fue del país por una crisis económica o social, sino que se fue en búsqueda de resolver su «crisis existencial».

Encontrar tu hogar en otra patria no es fácil
Compartir
FB X WA
Fernando Domecq
Por Fernando
27 mar 2019 · 8 min de lectura

“No sé si todos los caminos conducen a Roma, pero el mío sí” dice Lucila, segura de haber encontrado un hogar en otra patria.

“En primer lugar, quiero contar que yo no me fuí empujada por la crisis económica sino más bien por una ‘crisis existencial’. Es decir, en su momento no me vine con intención de ‘hacer la América’ en Italia, ni después de una larga reflexión acerca de un futuro bienestar económico que mi país no podría brindarme, ni nada por el estilo. Esas reflexiones, en mi caso, fueron muy posteriores”, relata Lucila Bianchini (32 años) aclarando que dejó Rosario en 2002, “como muchos otros rosarinos”.

“Para ser franca, tenía una depresión horrible. Me levantaba por inercia y ya a las seis de la tarde rogaba interiormente que se terminara el día, con la sensación de que el día siguiente iba a ser igual y esa ‘nada’ es lo peor que te puede pasar en la vida…

Un día de esos, me encontré con una ex compañera de escuela a la que, por esas cosas del tiempo y ‘los senderos que se bifurcan’, no había vuelto a ver. Ese encuentro fue mi golpe de gracia o el sacudón vital que necesitaba.

Fuimos a tomar un café, y esta chica me contó que estaba haciendo planes y que había estado juntando dinero para irse a Milano en unos días. Me transmitió tal entusiasmo con su proyecto que me quedé pensando durante varios días: ¿Y si me fuera a Italia? ¿Y si intentara armarme una vida de verdad en otro lado? ¿Tal vez, cambiar de aires me permitiera salir de la sensación de embotamiento de todos los días? ¿Quizás pudiera ser diferente en otro lado? ¿A lo mejor encuentro verdaderamente un sentido a todo yéndome al país de mis abuelos?

Después de esas venían muchas otras preguntas, por supuesto. Y también me preguntaba qué pasaría si fracasaba en el intento.

Pero había algo innegable en todo eso: peor de lo que estaba y de lo que me sentía en esa etapa difícil de mi vida, no podría estar. Además tenía tres cosas importantes a favor: había estudiado italiano durante cinco años, tenía la ciudadanía por mi abuelo, y ya había terminado mi formación como Psicopedagoga”.

Roma y los planes

“Al cabo de algunas semanas ya tenía la decisión tomada. Recurrí a un familiar que felizmente había guardado sus ahorros en un tarro y por eso ‘zafó’ del corralito, y con la promesa de devolución y un millón de gracias, recibí en préstamo el dinero para el pasaje y para ‘tirar’ un mes cuando llegara, mientras buscaba trabajo. De pronto mi depresión se había transformado en otra cosa. Tenía planes, tenía algo por lo que estaba decidida a arriesgarme, tenía una familia alentándome para que buscara mi vida donde fuera con tal de que saliera de aquel letargo, y tenía todo el futuro por delante… ¡La vida empezaba a tener sabor al fin! Y la palabra que a partir de entonces me desvelaba era ‘Roma’. Siempre había querido conocer esta ciudad, ya sea por la conexión con mis abuelos romanos, por la historia imperial, o por todo lo grandioso que guarda y por lo que significa para el resto del mapa”.

El derecho de piso

“Como en todo comienzo, la novedad ocupaba todos los espacios de mi vida. Quería verlo todo, conocerlo todo, hablar con la gente en la calle, con mis vecinos, hacer amigos, y claro, conseguir mi primer trabajo. Tenía la certeza de que esta experiencia me iba a poner a prueba a mí misma, fundamentalmente, porque no tenía a nadie en Roma; y salir adelante por mí misma era ‘el’ desafío.

Mi primer trabajo fue en un taller de calzados. Me lo pasé pegando suelas de zapatos durante 7 meses mientras iba buscando otra cosa mejor. Esa experiencia fue mi prueba de fuego, el ‘derecho de piso’ que todos conocemos. Me pagaban bien, no podía quejarme, y gracias a eso pude alquilar y dar mis primeros pasos como residente. Tenía en claro que en cuanto se me diera otra oportunidad, dejaría de pegar suelas de zapatos y comenzaría algo nuevo. Y así fue, la oportunidad vino de un jardín de niños donde conseguí un empleo de medio tiempo primero, y de tiempo completo más tarde. En un corto lapso pude devolver el dinero que me habían prestado para venirme e ir armando aquí mi vida. Poder trabajar en algo que me gusta fue y sigue siendo un golazo”.

Cuatro amores

“Dos años después conocí a Giuseppe, el amor de mi vida y el padre de mi hija, Andreina. Me enamoré al mejor estilo Disneylandia, como jamás hubiera pensado. Y tengo que decir que contrariamente al imaginario popular… ¡no todos los italianos son machistas y tramposos! Pasan los años y sigo enamorada de esta persona genial que tengo al lado y sigo feliz de que todo transcurra en escenario romano, el que elegí para quedarme pese a las cosas que también tiene a contramano este país. Aquí hay una infernal burocracia, corrupción de algunos funcionarios y atropellos de cierta gente, que obviamente no es toda. Pese a esto, a mis cuatro amores es imposible cambiarlos de lugar: mi hija, mi marido, Italia y Argentina”.

Las figuritas repetidas

“Creo que hay muchos estereotipos que desfavorecen a los italianos, de la misma manera que ocurre con los argentinos. A los italianos se los relaciona con la corrupción, el machismo, la procesión religiosa, el griterío, los ademanes exagerados… Y pareciera que no comen otra cosa más que pasta y no hablan más que de fútbol, según este imaginario. Ojo, hay una parte justificada que es fácilmente comprobable con la experiencia y en los hechos, pero los estereotipos son siempre injustos. En todas partes, hay gente valiosa y gente descartable, aspectos grandiosos y otros de cuarta…

Me ha pasado encontrarme aquí en Roma con muchos argentinos. Con algunos de ellos florecieron amistades que hasta el día de hoy me fortalecen y me llenan; y esas charlas y complicidad es difícil de lograr plenamente con los amigos de otras nacionalidades, al menos para mí.

Pero también me he encontrado con muchos argentinos maleducados y ‘winners’ de los que preferí alejarme desde un principio. Duele que algunos compatriotas no tengan reparo en exportar la viveza criolla y los malos hábitos que nos falsifican y obviamente, que no tengan ninguna predisposición para integrarse. Creo que alguna de la gente que emigra no está preparada para ello y se autocondena por mala actitud”.

Acá me quedo

Nunca me sentí una extraña en Roma. Tuve siempre muy claro que, a pesar de tener la ciudadanía, de que mis antepasados son italianos y de que el idioma no sería ninguna traba para mí, yo iba a ser extranjera, y que por lo tanto, no buscaría hallar la misma cultura de mi país ni las mismas cosas. Para eso, quedarse en Argentina es lo mejor. Y no se trata –como algunos piensan- de alejarnos de nuestras raíces ni dejar de lado nuestra identidad, sino de aprovechar esta especie de ‘intercambio cultural’ que la vida nos ofrece. Es un privilegio poder conocer otras culturas y otras idiosincracias.

Por lo que resta, sigo diciendo ‘qué bárbaro’ cuando algo me sorprende, ‘qué lo parió’ cuando algo me enoja, ‘ni a palos’ cuando niego algo rotundamente… En mi ipod no faltan jamás las canciones de Fito, de Los Redondos, de la Bersuit o del flaco Spinetta. En mi despensa no falta jamás la yerba mate y en mi corazón tengo siempre a mi país porque es mi pasado y es mi gente. Mi identidad siempre va a ser argentina, eso es seguro. Pero al mismo tiempo, seré también una italiana por elección, porque aquí está mi hogar, porque este país me hizo un lugarcito y le debo mucho más de lo que podría contar en este espacio y en este momento…

No sé si todos los caminos conducen a Roma, pero el mío sí, y lo que puedo asegurar hoy por hoy es que… ¡de acá no me mueve nadie!”.

Si te interesa contarnos tu historia, podés contactarte con nosotros, no dudes que seguramente otros argentinos les interesen leerla.

Fuente: De acá no me mueve nadie

Fernando Domecq
Sobre el autor
Fernando

Soy de Buenos Aires y actualmente vivo en Fuengirola (Málaga). Me dedico al diseño y al desarrollo web, aunque mi vida tuvo varios vaivenes: soy veterinario recibido en la UBA y trabajé muchos años en la venta de pinturas industriales. Desde 2014 ayudo a los argentinos que quieren vivir en el exterior a través de la página de Facebook Argentinos por Emigrar, y desde 2018 lo hago desde este blog.

Casi nativos · España
Seguí leyendo
Ver el archivo →
Conectar con la comunidad argentina en España
España 6 min
Conectar con la comunidad argentina en España
Sueldos en España para argentinos: guía real
España 10 min
Sueldos en España para argentinos: guía real
Guía de adaptación: primeros meses en España
España 12 min
Guía de adaptación: primeros meses en España
¿Cómo es la vida en Italia para argentinos?
Italia 8 min
¿Cómo es la vida en Italia para argentinos?
Argentinos Emigrados
¿Vivimos la misma historia?

Escribinos y sumate al archivo: buscamos testimonios de argentinos en cualquier país del mundo.

Contar mi historia
© 2026 Argentinos Emigrados. Un archivo de historias de argentinos en el exterior. Política de privacidad